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Mi nombre es Hna. María de la Caridad: estoy muy agradecida a Dios por haberme llamado a la vida Religiosa, para mí es un sueño hecho realidad ya que desde niña yo decía que iba a ser religiosa, mis padres me enseñaron a amar a Dios y cuando era pequeña participaba en el coro de niños. Cuando tenía 14 años llegó una hermana Carmelita del Divino Corazón de Jesús a hacerse cargo del coro su nombre es Madre Miriam hoy en día ella se encuentra en uno de nuestros Conventos en Venezuela.

Trabajé con esta hermana por dos años y ella todos los fines de mes me llevaba a su Convento, pero al cabo de 2 años la Hermana fue trasladada a Venezuela y yo me salí del coro y ya no seguí asistiendo a la Iglesia, el tiempo pasó y comencé a trabajar de costurera en mi casa también tenía un salón de belleza, yo creía que mi vida ya estaba realizada, pasaba demasiado ocupada con mis dos oficios que ya no tenía tiempo para pensar en nada más. Yo siempre recibí un buen testimonio de mis padres e incluso entre mis hermanos siempre hemos sido bien unidos, la verdad es que yo me sentía muy feliz, en mi casa, pero Dios tenía preparada una sorpresa para mí. Cuando ya tenía 28 años Mandaron a un sacerdote fijo a la capilla que mi familia asistía, y decía la gente que este sacerdote iba a remodelar la Iglesia, y mi hermana me invitaba a ir a misa, era tanta la insistencia de mi hermana para que fuera a misa que un día decidí ir, y la verdad es que termine ayudándole al Padre como Sacristana y después el me preparó para que le ayudará como asistente en un dispensario que él había inaugurado, trabajé con este sacerdote 4 años, él insistía mucho en que yo tenía vocación religiosa, un día se aparecieron por la parroquia dos Hermanas Carmelitas buscando a una joven que estaba interesada en la vida religiosa, yo fui a mostrarle el lugar a las hermanas donde vivía la joven y es así como nuevamente establecí contacto con las mismas religiosas que hacía muchos años atrás había conocido, yo estaba temerosa pensaba que tal vez por la edad las hermanas no me iban a aceptar pues ya tenía 33 años, pero Dios se mostró paciente y misericordioso conmigo, entre a la Congregación un 21 de Noviembre del año 2005. Ya casi estoy por concluir mi Noviciado. Y estoy ejerciendo mi apostolado con los niños pobres de nuestro Comedor Infantil, me da mucha satisfacción hacer este trabajo, los niños me cuentan que ellos solo comen cuando vienen a nuestro comedor, los sábado y Domingo que no hay comedor no comen lo suficiente, ellos siempre están sucios y mal vestidos y carecen del cariño de sus padres, ellos dicen que sería muy alegre si pudieran estar más tiempo con nosotras, un día que uno de los niños no pudo llegar porque estaba enfermo yo le mande la comida con un amiguito de él y al siguiente día que llegó se acercó a mí y me dio las gracias porque me había acordado de él. Ese día me sentí muy contenta y pensaba en lo contento que podía haber estado Dios al mostrarles a estos niños su rostro bondadoso  a través de nuestro trato con ellos. Ciertamente vivir para los demás es algo que vale la pena.