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Mi nombre es Hna. María Guadalupe
, yo nací en el seno de una familia numerosa y a la vez muy católica, cada Domingo mi papá nos llevaba a todos a  misa, aprendíamos a rezar desde que éramos muy pequeños. Cuando empecé a ir a la escuela tenía 7 años y mi hermana mayor me preguntaba que me gustaría ser cuando fuera grande, mi respuesta siempre era la misma: “Cuando yo sea grande voy a ser maestra”. De hecho cuando tenía 12 años juntaba a los niños del barrio y les enseñaba a leer, nunca pensé en casarme, y a pesar que conocía algunas monjitas jamás pensé en ser yo una de ellas, solo pensaba en que debía de estudiar mucho para poder ser maestra. Pero todo cambió cuando cumplí mis quince años, el Padre que celebró mi misa de acción de gracias me dijo directamente que yo iba a ser religiosa, antes nunca había pensado en la vida religiosa y mucho menos que yo podía llegar a ser una de ellas, pero esta propuesta del Padre no me convencía porque yo sentía gran atracción por ser maestra, y es así que no presté atención, pocos meses después me di cuenta que una de mis hermanas se iba para el Convento, y yo miraba que mi hermana leía interesadamente un libro que era la Autobiografía de la Beata María Teresa de San José, a mi me gustaba mucho leer y me entró curiosidad por leer ese libro, un día que mi hermana había salido de casa, cogí el libro sin permiso de ella y comencé a leerlo, me gusto tanto la lectura de aquel libro que cada vez que mi hermana salía yo corría a agarrar aquel libro para continuar leyéndolo, con toda sinceridad puedo decir que la lectura de aquel libro me ayudó a descubrir mi vocación, pero yo era todavía muy joven y no me atrevía a dejar mi hogar en la que fui muy feliz, meses después mi hermana se fue al Convento y un día en que fui a visitarla una de las hermanas que atendió la puerta al verme llegar pensaba que yo era una joven interesada en la vida religiosa y me dio un folleto vocacional que las hermanas distribuyen, yo sinceramente no puedo tener nada en las manos sin leerlo y mientras llegaba mi hermana al recibidor comencé a leer el folleto que me habían dado, en ese folleto estaba escrito en letras grandes “VEN Y VERÁS” estas palabras se quedaron grabadas en mi memoria y me parecía que habían sido escritas para mí. Poco tiempo después salió mi hermana al recibidor y detrás de ella la superiora quien me dijo: qué bueno que vino a visitarla, pues desde que mi hermana había entrado al Convento era la primera vez que recibía una visita, y yo sin pensarlo dos veces le conteste “No, vengo a ver si yo también puedo ser religiosa” y es así como empecé a formar parte de las candidatas, han pasado muchos años y aun no entiendo cómo me atreví a pedir entrada en el Convento sin el permiso de mis padres, ya que yo siempre les pedía permiso para todo.

Cuando dejé mi casa para irme al Convento pensaba que no solo estaba dejando mi hogar en el que había recibido el cuidado amoroso de mis padres y mis hermanos sino también que estaba renunciando a la posibilidad de ser maestra y esto me dolió mucho pero se lo ofrecí a Jesús, desde muy pequeña había aprendido a rezar y yo siempre estaba unida a Jesús y a su Santísima Madre, había aprendido que nada pasa si el Señor no lo permite, pero Dios es muy bondadoso y no se deja ganar en generosidad, cuando ya era religiosa la superiora me dio la oportunidad de estudiar Magisterio y ejercer como maestra en uno de nuestros Preescolares en  Bluefields y luego también en Tipitapa, aquella ilusión de ser maestra que desde niña había tenido por la gracia de Dios la había alcanzado pero fue muchos años después ya de religiosa.

Actualmente tengo 17 años en la Congregación  y me siento realizada en mi vocación como Carmelita del Divino Corazón de Jesús y a pesar de que muchos años han pasado para mi cada día es un nuevo comienzo.